Cada vez se manifiesta más la incompetencia y la falta de sensibilidad de nuestra clase política y de nuestros gobernantes.
Este país en el que nos toco nacer, vivir y para millones de nosotros, morir se está deshaciendo en pedazos. ¿Pero es cierta esta aseveración?
Yo creo que no. Sí bien es cierto que cada día la economía del país esta peor y el gobierno no da pie con bola para arreglarla, que nuestros gobernantes mienten, como siempre lo han hecho pero que ahora cada vez más la gente se da cuenta de esas mentiras debido a los medios grabados. Si bien es cierto que la inseguridad y las guerras internas del crimen organizado, aumentadas por la guerra que les ha declarado el gobierno están en su peor momento. Si bien es cierto que cada vez quedan más expuestas las ineficacias de las políticas gubernamentales, desde la laboral, siguiendo por la hacendaria y que decir de la educativa están peor que nunca. Y no le hecho toda la culpa al gobierno actual ni al anterior, que sí tienen parte de la culpa, sino que creo que está llegando a su limite la política seguida en últimos 50 o 60 años.
Si bien es cierto todo esto, creo firmemente que el país todavía no se está deshaciendo en pedazos. Y lo digo no por el gobierno ni por sus políticas ni por nuestros egregios políticos que ahora vemos cada vez más que lo único que les interesa es llegar al poder para enriquecerse. Lo digo por nosotros, los ciudadanos, que seguimos vivos, que tenemos la esperanza de vivir bien, tal vez no con lujos, pero sí con lo suficiente y que principalmente tenemos la esperanza de dejarles a nuestros hijos algo mejor.
Porque, ¿cuál es la solución para este país?
La solución somos nosotros, resulta difícil pensar que uno de nosotros puede cambiar al país, pero es cierto, cada uno de nosotros podemos hacerlo. ¿Cómo? Desde luego que no tenemos el poder ni la posición para cambiar las políticas del gobierno, para hacer que la economía funcione mejor, par hacer que nuestros hijos reciban una mejor educación en las escuelas públicas, para hacer que se acabe la corrupción a nivel nacional. Al menos yo no tengo ese poder.
Pero sí tengo el poder para cambiar lo que me queda cerca. Tengo el poder de ser honesto, de trabajar para el bienestar de mi familia sin fregar a otros. Tengo el poder de no seguir con la corrupción, de no dar la mordida por pasarme el alto, de no dar la gratificación para acelerar un trámite, por engorroso que sea. Tengo el poder para enseñarles a mis hijos los valores fundamentales, que para mí son la honestidad, el respeto y la responsabilidad.
Y tengo el poder para denunciar a los malos gobernantes, a los funcionarios corruptos, a los malos maestros. Tal vez no suceda mucho hoy, tal vez no suceda mucho mañana, pero si lo sigo haciendo y si cada vez más personas lo hacen, entonces seguramente pasado mañana suceda algo, tal vez un poco, no mucho, pero al siguiente día sucederá algo más, y al día siguiente un poco más y antes de que nos demos cuenta, este país habrá cambiado.
No tengo el poder ni el derecho de pedirle a nadie que haga lo que pido, sólo tengo el poder y el derecho de hacerlo yo, y se que tal vez, con mi ejemplo, otros lo harán.
22 de agosto de 2010
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